llibret 1978
Cincuentenario de las Hogueras de San Juan.

UN DIA EN LA SIERRA DE BENICADELL.
Luisa Bernabeu.

 
Así empezó aquel día,
a las siete y media salimos,
a respirar aire puro,
con alegría y optimismo.
 
Con su despeje de nubes
el cielo nos obsequió,
brillando con claridad
un esplendoroso sol.
 
Todo estaba limpio, radiante
como una clara ilusión,
y todos riendo y cantando
alguna que otra canción.
 
Y con esa camaradería
que da una amistad sincera,
llegamos hasta lo alto
a lo alto de la sierra.
 
Sierra de Benicadell,
sierra de grandiosa pinada,
donde el alma se embellece
por las hierbas perfumadas.
 
iQué tesoro escondido nos muestra
la divina providencia!
iQué grande es tu poderío
y qué sublime la naturaleza!
Es un lugar maravilloso
donde todo es poesía, todo es amor,
donde se olvidan las penas
y renace la ilusión,
donde el joven, y menos joven,
siente latir su corazón.
 
iQué horizonte más halagador!
iQué panorámica vista!
Caseríos, montañas, lagos,
desde arriba se divisa.
 
Se escucha como un murmullo
de los pájaros el trinar
y el suave airecillo
perfumado del pinar.
 
De una pequeña fuente
el agua cayendo vá
agua pura de montaña
¡qué fresca y rica está!
 
Sierra de Benicadell
yo te he visitado
y he podido comprobar
que eres de los bellos rincones
que el Hacedor ha creado.
 
La naturaleza puso en tí
sin precio y con mesura
un espejo de luna clara
un manantial de hermosura.
También en la tempestad,
resulta maravilloso
tuve ocasión de admirar
una tormenta de lluvia y viento
cargado de electricidad.
 
Las nubes como humo ennegrecido
corriendo a marcha ligera
cubrieron a modo de manto
completamente la sierra.
 
Pero la tormenta pasó
y daba gusto contemplar
el verdor limpio y brillante
de este grandioso pinar.
 
¡Qué cielo tan despejado!
iQué suave resplandor!
iQué horizonte más claro!
iQué ambiente más halagador!
 
Llevo muy dentro de mí
tu perfume a flor silvestre
tomillo, romero, ciprés,
y un recuerdo evocador
guardo en mi corazón
Sierra de Benicadell.