llibret 1978
Cincuentenario de las Hogueras de San Juan.
ALICANTE. LA CIUDAD DE HOY
Es esencial para la vida del hombre que los parajes donde habita sean
sanos, gratos y atrayentes. Desde la población a la casa, desde el paisaje
al clima, todo lo que no sea reunir fundamentalmente estas condiciones
hará que la vida humana se desenvuelva en circunstancias adversas al
bienestar y a la felicidad. Y si esa vida, por imperativas exigencias de los
tiempos actuales, ha de someterse a un ritmo apresurado y fatigoso y ha
de enfrentarse de contínuo con una complejidad agobiadora de obstáculos,
mayor razón para que aquellos sitios íntimos que se dedican a la
convivencia familiar o amical, aquellos lugares retirados en que se busca la
serenidad y el sosiego, y los lejanos horizontes hacia lo que va a perderse
la mirada, sean para el espíritu un goce y un descanso confortador.
Es extraordinario que en las poblaciones donde se acumula el gentío se den
en igualdad de calidades todas esas ventajas. Sólo por un raro privilegio de
la naturaleza quedan algunos ansiados paraísos terrenales en que pueda
sentirse con holgura la satisfacción y la alegría de vivir.
Alicante es uno de ellos. Cuanto pueda apetecer la humana necesidad para
el bien del cuerpo y del espíritu se encuentra en la actual población que
atesora las condiciones más halagadoras y benignas. Por su clima, por su
ambiente, por su luminosidad, la capital alicantina es quizás única en el
mundo. Sus jardines y parques, sus edificaciones modernas, sus salas de
espectáculos, sus centros de recreo, sus hoteles, sus sanatorios; el puerto,
que es hoy modelo de orden y limpieza, junto a las lindes de las palmeras y
avenidas anchurosas, claras y alegres, todo lo que le corresponde a la
urbanización, al saneamiento y al ornato de la ciudad en relación directa
con la hidalga cortesía de sus moradores, la templanza de la temperatura,
la suavidad, la nitidez del ambiente y el optimismo alentador que infunde
en los ánimos ese conjunto acordado de excepcionales excelencias.
Por tradición, Alicante ha tenido la fama merecida de su clima primaveral,
de la claridad y dulcedumbre que singularizan a su ambiente. Esos son los
bienes de la naturaleza. Pero hacía falta que la población, como entidad
urbana, se acondicionara de modo que cuantos en ella habitasen y aquellos
que la visitaran atraídos por esa nombradía mundial, pudieran gozar
cómoda y holgadamente de sus naturales privilegios. Esto se ha logrado en
tan pocos años que aquí vendría bien lo de "una súbita transformación". No
hace mucho tiempo era Alicante una ciudad perfectamente provinciana,
esto es, polvorienta, sin pavimentación, entristecida, incómoda, de callejas
angostas y viejas casas sombrías, de pobrísimo aspecto.
El Alicante de hoy es ya una perfecta ciudad moderna, clara, riente, limpia,
acogedora. Una ciudad que invita a la permanencia gozosa, porque a todos
ofrece el bienestar y la alegría.