- Y on Tomás... no?... Pues ba-co-es de canto...!
Cierto día me lo encontré en plena calle, con sus escasas cartas a repartir bajo su bien apretada axila. Era
siempre portador de noticias que le endilgaban los bromistas. Una de ellas me sorprendió.
- Abes que on Tomás... etá mu-ién-do-se..?
De momento me lo creí. E inmediatamente me puse alerta. A poco Agustín Segura, me lo desmintió.
Tuve tiempo de alcanzar a “Ramonet” y simulando estar serio le reprendí.
- Si D. Tomás, se entera que lo vas matando por ahí, buena te espera. ¿Cómo es posible que desees su muerte?
Ramonet tiró el cigarro quemado de su boca. Dejó las cartas en mis manos y comenzó a hacer aspavientos.
- ¿No é ve-dad? El fill e puta e... (aquí mencionó al autor de la broma) me ha di-cho que on Tomás e-tá
ca-si mue-to. Fill e puta. A no me e-ga-ña-rá má...
Dicen, que circuló el rumor de que el entonces Alcalde D. Francisco García Romeu, marchaba destinado como
tal a Barcelona. A “Ramonet” no se le pasaban por alto estas noticias. Y apenas lo supo se presentó en la
Alcaldía solicitando ver a D. Paco. El entonces secretario particular Andrés Oliver (q.e.p.d.), bromista por
demás, al enterarse de las pretensiones de “Ramonet”, se lo transmitió al Alcalde y éste le hizo pasar a su despacho.
- Ramonet... ¿qué te pasa? -le preguntó el señor García Romeu-.
- On Paco... ¿é ve-dad que tú e va a Ba-se-lo-na?
- No, Ramonet. No hay nada cierto. Son posiblemente rumores. Pero, nada.
- Ah aue-no. Tú, e mo-men-to e que-das aquí. Ue-go a ve-re-mo qué a-se-mo.
Y así quedó contento Ramonet, tras esta decisión tomaba muy seriamente por él.
Y muchas, muchas más, podrían contarse de “Ramonet”. Anécdotas ingenuas que demuestran su alicantinismo,
su inocencia, y su sentido del afecto para quienes le dispensaban de su amistad.
Cierta noche, como siempre, solía hacer recalar su ruta hacia la Rambla y en uno de los veladores de sus cafeterías,
reposaba y se fumaba tranquilo su ensalivado cigarro. A nadie ofendía, a nadie molestaba. Su mundo era feliz. Y
allí estaba, cuando -dicen, cuentan, que alguien broma arriba, broma abajo, malditas bromas- le hicieron abandonar
su pacífica arribada cabe el velador. “Ramonet”, rehuyó la cosa, y buscó otros lares en donde seguir su tranquilo fin
del día. Y ahí... cuando cruzaba su Rambla de Méndez Núñez, que tantas veces había repasado con su traje de
foguerer y su “tío Chuano”, fue cuando a “Ramonet” lo borraron trágicamente de nuestra ciudad.
Quedó con su cigarro sobre los labios y alguna carta bajo del brazo. Y en su mente de “niño bueno” por su inocencia,
un nombre y una fiesta: Alicante y les fogueres de Sant Joan.