llibret 1976
Cuentos y Realidades.

"RAMONET" IN MEMORIAM.
Raúl Alvarez Antón.

“Ramonet” fue un personajillo popular de Alicante, del que siempre guardaremos un amable recuerdo. Porque “Ramonet” era un ser elegido por Dios, para que fuera feliz sin que su mente entrara en profundas cavilaciones sobre el corrompido mundo de hoy. y su bondad, su neutralismo, su probada honradez, su infantilismo, su acendrado amor a las cosas de Alicante, especialmente a la fiesta de las Hogueras de San Juan, le habían granjeado numerosos amigos entre la familia de los foguerers. Pero “Ramonet” tenía en ocasiones visión clara de las cosas, v se permitía emitir sus opiniones, que daban pie a graciosas anécdotas de las que se han hecho base, para tejer otras que, sin ser asimismo se le atribuyeron a él.
 
“Ramonet” vestía pulcramente su traje de “foguerer” en los adecuados momentos. Y renqueante, sabía sobrellevar su defecto físico, estirando cuanto podía su figura, al empujar a su “Tío Chuano” Rambla arriba, cuando los desfiles o cabalgatas hacían acto de aparición en las fiestas sanjuaneras. Interin, durante sus días laborables, se ganaba honradamente unas escasas pesetas, repartiendo a domicilio cartas cuyos sobres apenas sabía leer, pero que entregaba a sus destinatarios más bien por intuición que por visión. Y “Ramonet” era conocido en toda la ciudad. Y todos -entono el mea culpa- le hacíamos “pelear” con nuestra inhumana broma, que él aceptaba o se rebelaba contra ellas si alguien osaba atacar a “on Tomás”, como llamaba en su “media lengua” a nuestro -por todos querido- D. Tomás Valcárcel.
 
Con su cigarro a medio quemar, en la comisura de los labios, con su paquete de sobres debajo del brazo, su corbata negra, sus arrastrados pasos, y a veces sus húmedas narices, “Ramonet” obedecía ciegamente a D. Tomás, y nadie puede decir que bebiera alcohol ante él, puesto que era el tabú impuesto a rajatabla. Bastaba que el Sr. Valcárcel al percatarse de que alguien -sabedor del tabú- quería hacerle tragar vino ante su presencia, y le dijera:
 
- Ramonettt...
 
- On Tomás, si, é agua... mi-e-ral...
 
Contestábale “ipso facto”, cambiando rápidamente de vaso, su mano temblorosa.
 
A “Ramonet” le dispensaban trato todas las clases sociales más destacadas de la ciudad. Y “Ramonet”, como vanguardista de las costumbres de hoy, apenas iniciado el trato, trocaba rápidamente el “usted” por el “tú” y entablaba perfecta camaradería con su interlocutor. A D. Tomás, no. A D. Tomás siempre le trató de “usted”, dado el máximo respeto y veneración que le profesaba. Vera de ver los berrinches que agarraba cuando alguien le decía:
 
- Ramonet... Sabes que el Alcalde quiere nombrar Presidente de la Gestora a fulanito de tal...
 
E incluso, cierta tarde, el propio Alcalde designado, D. Francisco García Romeu, le apuntó la misma noticia, ante unos cuantos íntimos.
 
- Ramonet... He pensado nombrar Presidente de la Gestora a...
 
- Y on Tomás... no?... Pues ba-co-es de canto...!
 
Cierto día me lo encontré en plena calle, con sus escasas cartas a repartir bajo su bien apretada axila. Era siempre portador de noticias que le endilgaban los bromistas. Una de ellas me sorprendió.
 
- Abes que on Tomás... etá mu-ién-do-se..?
 
De momento me lo creí. E inmediatamente me puse alerta. A poco Agustín Segura, me lo desmintió. Tuve tiempo de alcanzar a “Ramonet” y simulando estar serio le reprendí.
 
- Si D. Tomás, se entera que lo vas matando por ahí, buena te espera. ¿Cómo es posible que desees su muerte?
 
Ramonet tiró el cigarro quemado de su boca. Dejó las cartas en mis manos y comenzó a hacer aspavientos.
 
- ¿No é ve-dad? El fill e puta e... (aquí mencionó al autor de la broma) me ha di-cho que on Tomás e-tá ca-si mue-to. Fill e puta. A no me e-ga-ña-rá má...
 
Dicen, que circuló el rumor de que el entonces Alcalde D. Francisco García Romeu, marchaba destinado como tal a Barcelona. A “Ramonet” no se le pasaban por alto estas noticias. Y apenas lo supo se presentó en la Alcaldía solicitando ver a D. Paco. El entonces secretario particular Andrés Oliver (q.e.p.d.), bromista por demás, al enterarse de las pretensiones de “Ramonet”, se lo transmitió al Alcalde y éste le hizo pasar a su despacho.
 
- Ramonet... ¿qué te pasa? -le preguntó el señor García Romeu-.
 
- On Paco... ¿é ve-dad que tú e va a Ba-se-lo-na?
 
- No, Ramonet. No hay nada cierto. Son posiblemente rumores. Pero, nada.
 
- Ah aue-no. Tú, e mo-men-to e que-das aquí. Ue-go a ve-re-mo qué a-se-mo.
 
Y así quedó contento Ramonet, tras esta decisión tomaba muy seriamente por él.
 
Y muchas, muchas más, podrían contarse de “Ramonet”. Anécdotas ingenuas que demuestran su alicantinismo, su inocencia, y su sentido del afecto para quienes le dispensaban de su amistad.
 
Cierta noche, como siempre, solía hacer recalar su ruta hacia la Rambla y en uno de los veladores de sus cafeterías, reposaba y se fumaba tranquilo su ensalivado cigarro. A nadie ofendía, a nadie molestaba. Su mundo era feliz. Y allí estaba, cuando -dicen, cuentan, que alguien broma arriba, broma abajo, malditas bromas- le hicieron abandonar su pacífica arribada cabe el velador. “Ramonet”, rehuyó la cosa, y buscó otros lares en donde seguir su tranquilo fin del día. Y ahí... cuando cruzaba su Rambla de Méndez Núñez, que tantas veces había repasado con su traje de foguerer y su “tío Chuano”, fue cuando a “Ramonet” lo borraron trágicamente de nuestra ciudad.
 
Quedó con su cigarro sobre los labios y alguna carta bajo del brazo. Y en su mente de “niño bueno” por su inocencia, un nombre y una fiesta: Alicante y les fogueres de Sant Joan.