Recordemos a otros hombres de la fiesta. Cuando se acercan los días sanjuaneros, acuden a nuestra
memoria la figura y la obra de quienes fueron puntales en sus días, de las Hogueras de San Juan.
Si tenemos en cuenta a Eugenio Noel, el autor de “España nervio a nervio”, o “Aguafuertes Ibéricos”,
fue uno de los primeros periodistas y escritores, que se ocuparon en la prensa nacional de la “plantá”
y la “crema”. Precisamente uno de los primeros años de hogueras, hacia 1929 o 30, estuvo hospedado
en el Hotel Nogueras, donde recibió a sus amigos periodistas -Irles Negro, Millá, Montes-, con quienes
fijó el programa a seguir durante los días del fuego.
¿Qué vamos a decir de don Ramón Guilabert y don José Romeu, que no se sepa de antemano? Fueron
dos hombres esforzados en todos los aspectos, dentro y fuera del Ayuntamiento, por el engrandecimiento de las Hogueras.
O don Francisco Zaragoza Onofre, que fue la bondad en la presidencia de la Gestora.
Manolo Arques Such, que escribió en su época en casi todos los periódicos de la capital, y en muchos de
Madrid, fue el artífice para que en un año decisivo estuvieran en la capital entre el 21 y el 24 de junio,
verdaderos maestros del “cuarto poder”, que narraron en las páginas de sus diarios la magnificencia de
las distintas facetas en honor del Bautista. Entre ellos, están en las crónicas, vinieron Luisa Trigo, Margarita
Nelken, Magda Donato, Augusto Vivero, Virgilio de la Pascua, César González Ruano, Francisco Agüera, Pedro
Massa, Juan G. Olmedilla, José Losada de la Torre, Rafael Ortega Lissón, y varios más, representantes de
“Heraldo”, “Abc”, “La Nación”, “El Sol”, etc.
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¿Quién no recuerda al “Chato Estrada”, que fue barbero en la calle Onésimo Redondo, que entonces
se llamaba de Pablo Iglesias? “Chato Estrada”, con José Ferrándiz Torremocha, el ilustre periodista,
fueron casi los fundadores de aquella comisión de hogueras que se denominó “Alfonso el Sabio,
Quintana y Travesías”, que tan buen juego festero dio. Después se convirtió sólo en Alfonso el Sabio,
y Quintana unos años pasó a depender de “Pérez Galdós” y otros de Alfonso el Sabio.
Don Rafael Quilis Molina, muchos años decano de los periodistas alicantinos, creó “El Llibret”, de Alfonso
el Sabio. Gracias a don Rafael las mejores firmas del periodismo español colaboraron en la revistilla.
Don Manuel Prytz y Antoine, fue protector algunos años de la hoguera de Benalúa, como don Carlos
Ramos, cuya hija Carmela fue Bellea del Foc, en 1936.
El compositor don Jacinto Guerrero, autor entre otras obras líricas de “La Fama del tartanero” y “El
Canastillo de fresas”, fue durante varios años foguerer de honor de distintos distritos, y favoreció
económicamente a las hogueras.
Lo mismo que el escultor don Mariano Benlliure.
Podríamos estar hablando de quienes fueron algo en la fiesta, durante horas. Pero limitémonos tan sólo
a citar de pasada a Gastón Castelló, no hace falta presentarlo; don Manuel Pérez Mirete, el ilustre abogado;
don Juan Martínez Blanquer, también jurista de primera línea, amigo de don José Calvo Sotelo; el prestigioso
médico don Angel Pascual Devesa, que fue presidente de una Gestora de Hogueras; don Julio Guillén Tato;
don Heliodoro Guillén Pedemonti, su padre; don Lamberto Garzarán, etc.
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