llibret 1974
Fogueres.
PROMETEO Y LA LLAMA FOGUERIL ALICANTINA.
(Sabios y Locos, Angeles y Demonios) Cuento original e inédito.
José Luis Abalos Arcaya.
I
Ser Sabios o Locos, Angeles o Demonios son las condiciones indispensables e
ineludibles que debe reunir quien emprenda la audaz aventura de embarcarse en
la quimérica empresa de dirigir la organización y confección de una Hoguera o de
una Barraca foguerll alicantina; pues bien mirado hay que estar loco de remate
para hacer el bien por los demás desinteresadamente, buscando la diversión de
todos, para que la recompensa que luego te den sea que te critiquen sin piedad
y te saquen la piel en pequeñas tiras, como si se tratase de insensibles
coberturas plásticas, desprovistas de toda sensibilidad biológica y anímica. Pero
sin locos el mundo aún estaría viviendo en las oscuras profundidades de las
cavernas trogloditas de la Prehistoria. Por lo tanto, esta clase de locos creadores
y geniales, en toda época y lugar, son necesarios para el bien de la Humanidad.
Los Festeros tienen mucho de Sabios porque saben hacer surgir maravillas de las
entregas monetarias de suscriptores y anunciantes, concibiendo y logrando esos
monumentos de Arte, plenos de luminoso color y majestuosa armonía,
conteniendo la crítica pintoresca de su total gracia y galanura.
También ejercen el papel de Angeles Buenos al repartir a manos llenas la
diversión, la alegría y la felicidad en beneficio de sus amigos y simpatizantes,
sacrificando las horas libres de sus trabajos cotidianos.
Asimismo, son demonios para algunos, pues no es posible que los festeros hagan
las cosas de modo y manera que gusten a todos por
igual: para muchos lo que hacen está muy bien y para algunos lo hecho
está muy mal, pues ya lo dice el viejo refrán: “Nunca llueve a gusto de
todos”.
II
El origen histórico “dels Foguerers i dels Barraquers”, lo encontraremos en
la raíz prístina de la aparición del Hombre sobre la faz de la Tierra, cuya
identidad se pierde en los estamentos esotéricos de su enigma evolutivo a
través de la niebla que cubre la espesura intrincada del Bosque Sempiterno
de los Tiempos; donde apreciamos que el culto y respeto al Fuego fue la
primera forma que el hombre primitivo empleó para rendir devoción y
homenaje a Dios, como Divina antorcha de Fuego Inmanente, que durante
aquella remota época prendió en los sanos y sencillos corazones. Lo mismo
ocurre en actuales generaciones alicantinas, cuyos nobles y generosos
corazones reparten por doquier expresiones de diversión, humor y alegre
felicidad, compartiendo con todos simpatía y amor a manos llenas, sin
rivalidades ni discriminaciones que mermen su conducta festera singular,
plena de amistad sincera dentro de sus fiestas de máximo esplendor.
III
Dios, Primer Alfarero y Primer Escultor del Mundo, creó a los Angeles de un
barro especial, formado con polvo cósmico y otros materiales transparentes
e impalpables del mismo Eter infundiéndoles su divino hálito de Fuego
Inmanente. Las panículas residuales del barro empleado las iba arrojando
previsible en un rincón del Celestial Taller.
Cuando Dios dispuso crear a los hombres, tomó polvo de Tierra y amasó
barro e hizo al hombre a su propia imagen y semejanza, arrojando también
los fragmentos del barro sobrante sobre el mismo montón de masa dejada
anteriormente, cuando creó a los Angeles.
De los Angeles surgió más tarde un grupo rebelde, encabezado por
Satanás, que se separó de los ángeles buenos. Una parte del grupo
disidente se fue a establecer la morada y residencia de los dioses paganos
en el Olimpo, cuyo jefe supremo era Júpiter.
Prometeo, uno de los moradores del Olimpo, arrepentido de deserción robó
el fuego sagrado que los dioses paganos tenían encerrado en su santuario
y fue corriendo a ofrecérselo a Dios Eterno, quien autorizó a entregárselo a
los hombres. Prometeo en su audaz huida, y llevando en sus manos la
antorcha olímpica robada del Olimpo, tropezó con el montón de barro
inerte que Dios había vertido en un rincón de su Celestial Mansión,
cayendo chispas de fuego encima de aquél, que Dios había amontonado
previsible. Cada chispa infundió forma y vida a cada trozo de tan
heteroclítica mezcla, de la cual surgió la Raza Especial de los filósofos,
sabios, poetas y artistas, conteniendo esta composición: mitad sabios y
mitad locos, por el anverso; mitad ángeles y mitad demonios, por el
reverso. Vive en un mundo aparte, aunque comparta la vida humana en
toda su dimensión.
Los dioses paganos del Olimpo enfurecidos y furiosos por la deserción de
Prometeo a la obediencia de los dioses mitológicos y reverenciar al Dios
Eterno, clamaron de furor y despecho por verse desplazados y superados
por Dios, pues temieron y con razón, que había llegado el final
de su satánico Imperio, como va sus própios oráculos tenían
vaticinada su caída vertiginosa e irremisible ante la presencia del
verdadero Dios, por lo que decidieron condenar al liberador de los
hombres, Prometeo, a ser encadenado en lo más abrupto del Cáucaso y
que un águila se comiera sus hígados, que se reproducían a medida que
el ave sanguinaria se los comía, por lo que el tormento era constante.
Años después fue encontrado por su amigo Hércules, que le liberó de tal
suplicio.
IV
Cuando Prometeo entregó el fuego olímpico a los hombres, precisamente lo hizo
en un rincón del Levante hispánico, bañado por proceloso mar, que más tarde
llamaron respectivamente: LUCENTUM (la Ciudad de la Luz) y MARE NOSTRUM
(Nuestro Mar), los cuales acogen actualmente nuestra existencia con los benditos
nombres de esta privilegiada costa levantina: Alicante y el Mediterráneo.
Años más tarde de ser condenado Prometeo por los dioses paganos, su amigo
Hércules que le iba buscando por todas partes, llegó a estas tierras alicantinas,
siendo obsequiado por ser camarada de quien les diera el fuego sagrado, con los
mejores manjares de la “terreta”: “tintorro de la Condomina”, “bacores acabaes
de collir” y la “millor coca en tollina”, que colmaron el apetito, con gran placer,
del infatigable y colosal viajero; encontrándolos tan buenos que ofreció a sus
primitivos anfitriones alicantinos, llevarlos como presente a los dioses del Olimpo,
para ver si con ellos les complacía, consiguiendo a cambio que le revelaran el
lugar inaccesible en que se encontraba encadenado su compañero Prometeo.
Hércules pronto cumplió el ofrecimiento hecho a sus amigos alicantinos,
entregando a los majestuosos y mitológicos dioses del Olimpo sus presentes;
tanto les gustaron que los denominaron “ambrosía” y “néctar de los dioses”,
concediéndole la gracia que solicitaba de liberar a su amigo Prometeo,
revelándole el lugar inexpugnable del Cáucaso en que se encontraba, en donde
sólo podían llegar las águilas. Rompiendo Hércules las gruesas cadenas que le
atenazaban a los tremendos peñascos, le liberó de sus omnipotentes verdugos y
de tan cruel y horripilante martirio, gracias a los platos alicantinos, como se
expresa en la siguiente décima, que encontré escrita a punta de pedernal
en un pedrusco tallado por nuestros paisanos de hace varios miles de años:
“Por el “tintorro de La Condomina”,
“bacores acabaes de collir”
y comer selecta “coca en tollina”,
en esta “milior terreta” alicantina,
de Prometeo se acabó el sufrir,
que los dioses paganos le impusieron
y los esfuerzos de Hércules supieron
el yugo de sus cadenas abatir,
dotando de espléndido devenir
a la bella “terreta” que eligieron”.
V
Siglos después, los alicantinos, en recuerdo del Fuego Sagrado que
Prometeo entregó a sus primeros habitantes, crearon los grandes
monumentos de arte y color, como son las Hogueras de San Juan, que
devotos dedicaron a su santo y venerado patrón, perdiendo así su origen pagano.
En el terreno deportivo tampoco olvidaron los alicantinos al amigo de
Prometeo, a Hércules, el de la gruesa calva, que se cibría con la piel del
león de Nemea, cuyo nombre de Hércules dieron a su equipo de fútbol,
representativo de la capital en este noble deporte, cuyo coraje, entereza y
valor, característicos de su héroe mitológico, cuyo nombre ostentan desde
su fundación, ponen al servicio de la afición alicantina que tanto se lo
agradece.
FINAL
De estos sabios y locos todavía hacen falta unos pocos más en las nuevas
generaciones para que siempre permanezca viva la antorcha olímpica de
las Hogueras de San Juan, logrando superar su esplendor, inusitado para
deleite y regocijo de los alicantinos y de sus visitantes nacionales y extranjeros.