llibret 1974
Fogueres.

HOGUERA. "FOGUERES".
autor de la hoguera: A. LOPEZ SARABIA.
por: ANTULIO SANJUAN.

 
Con fuego termina siempre
lo que en la calle o la plaza
produce la admiración
de gentes propias y extraña
estos tres días de junio,
y que foguera es “llamada”,
porque, sea como sea,
pasto ha de ser de las llamas.
 
En todas ellas veremos
escenas representadas
con unos “ninots” graciosos,
que pudiera ser que hablaran,
cuando la ventriloquía
el artista practicara;
pues de otro modo, imposible
es que diga una palabra.
 
Y para que el visitante
sepa lo que a ellos les pasa,
tiene delante un letrero;
a veces con tantas faltas,
que falta el canto de un duro
cuando la lectura acaba,
para quedar turulato
al no enterarse de nada.
 
Nuestra foguera comienza
donde cualquiera otra acaba.
 
Con llamas. Que en lo más alto
a unas figuras abrasan,
dicho con “ese” o con “zeta”,
lo mismo da, qué caramba,
unas lenguas ondulantes
de fuego color naranja.
 
Ante arranque, decimos
lo que dice al leer la carta
doña Inés, en el Tenorio:
“¡Qué principio, Virgen Santa!”.
Solamente que al revés,
dejemos la parte alta
y vayamos hacia abajo.
 
Vemos una cabalgata.
Una de ellas. Pues, tenemos
durante las fiestas varias,
y aquí todas no cabrían,
ya que terreno nos falta.
En otro lado veremos
en una preciosa estampa,
a un gentil alicantino
que de nuestra fiesta amada
hace ofrenda a ese castillo
que majestuoso se alza
sobre un monte que perfuma
exhuberante pinada.
-del cual, en estos días,
tanto y tantísimo se habla,
que no parece oportuno
meter aquí, de ello baza.
 
La paleta del pintor
a punto, está preparada.
La Belleza está en su trono.
Ya la fiesta es comenzada.
Con los más vivos colores
al lienzo será llevada.
Es la fiesta més hermosa
y sobre todas resalta.
 
Fiesta que a los presidentes
hace, que al perder la calma,
sueñen en ese momento
que consiguen ver logradas
las ansias de todo un año.
¡Los premios! Y el sueño acaba
en un despertar que, a veces
les aturde y anonada.
 
Sobre pétreo pedestal
un gran botijo descansa.
 
Los turistas hacen fotos.
 
La gente, absorta, se para.
 
¿En honor de quién ha sido
erigida tal estatua?
Se preguntarán algunos
siendo la respuesta dada.
 
Es que la del foguerer
quedó en agua de Borrajas,
y el agua, en este botijo,
para el recuerdo se guarda.
El escudo de Alicante
sobre bello trono se alza.
Llegan hasta él, del campo,
para postrarse a sus plantas
sus gentes, con los productos
que gozan de justa fama.
De Villena traen ajos.
Traen de Pego arroz y pasas.
Azafranes de Novelda.
De Elche, dátil y granadas.
Traen vinos de Monóvar,
de Pinoso y Benejama,
y otras cosas de más pueblos
que harían la lista, larga.
 
Lo que vemos que no traen,
y este caso tiene guasa,
es esa cosa tan rica
conocida por naranja,
porque creyeron, ilusos
que ya en Calderón estaban
los naranjos que plantaron
con mucho fruto en las ramas.
 
Para protejer al árbol
aquí les pusieron jaulas
de madera, resultando
que mirándolo a la larga,
es un bosque de listones
lo que nuestra vista alcanza.
 
También vemos a un señor
orondo, que se prepara
para comerse un arroz
con riquísimas tajadas.
 
Tan suculenta paella
pronto será devorada
al comer a dos carrillos,
y un carro con las dos varas.
Este, en una comisión,
es el que menos trabaja;
que huye cuando hay que hacer
para que otro lo de él haga;
pero que, cuando de pronto
de algún festejo se trata,
es el primero que acude
y es de todos quien más traga.
 
Esto es lo que en la foguera
se ha de ver. Y terminada
su explicación, sólo pido
perdón por sus muchas faltas.