llibret 1973
La Enseñanza.
UN RELOJ... LLAMADO ¡ARCO IRIS!. (cuento).
Baldomero Yáñez García.
Isadoro tenía un reloj de pulsera que no era ni de plata ni de oro, pero que
tenía “duende”. Tal era así, que todas las mañanas cuando despertaba,
miraba a la mesita de noche, donde solía tenerlo, para encontrárselo más
parado que una señalización de “stop”; mas Isadoro no se inmutaba por
ello lo más mínimo; conocía de sobra a su Arco-Iris, y lo único que le
preocupó fue observar el color de la esfera, la cual, se presentaba
completamente rosa, color que le complació mucho; pues como inventor
de aquel reloj de precisión, sabia muy bien que se encontraba ante su
“Obra Cumbre”, y que su Arco-Iris estaba llamado a ser la “Sensación
Sipcodélica del Siglo” en la cercana Convención de Relojería de Ginebra.
(No en vano, nuestro personaje, había sido licenciado en la Real Academia
de Neuchátel, y nombrado años más tarde, miembro de honor de la
misma; además, entre otros nombramientos, poseía el de “el Pitágoras de
la Tecnología Relojera”, otorgado recientemente, en el Decimonono
Sympósium internacional de Relojería, celebrado en Paracuellos del Jarama).
No obstante, Isadoro, aburrido y cansado de tanto tremendismo
Tecnológico y Capitológico (como tantos otros grandes hombres), decidió
retirarse a sus lares y dedicarse por completo a su afición relojera... “la
construcción de relojes de fabricación casera”. Pudo ser el número uno, en
la Corte de Cabo Kennedy, con su famosísima tesis “infitesimal”, en la que,
quedaba plenamente demostrado, que la hora Cero, era igual a la hora H,
cuyo equivalente, era igual a ¡Nada!. De ahí que la lunática cuenta atrás,
no era nada más que eso, ¡una lunática cuenta atrás!
... Sí, así era nuestro gran Isadoro Dé Alá-cant; pudo serlo todo, y prefirió
ser un relojero de matute en su arcaica Relojería, donde fabricaba un reloj
cada 365 días; pero, eso sí, cada reloj por él fabricado ¡era una
discutidísima Obra de Arte!... Tan discutidísima, como lo fueron estos dos
casos registrados en el Historial de la Relojería. Corrían los años de 1913, y
el Káiser, decidió instalar un reloj de los llamados “Bomba” diseñado por
Isadoro Dé Alá-cant, en uno de los caminos de Mayerling a Sarajevo, con
el fin de que, 8.760 horas después, estallase, anunciando al mundo con
precisión exacta, el principio de la primera Guerra Mundial y así resultó en
efecto... En el 1914; bueno, esto ya lo saben ustedes.
El otro caso, fue como sigue... En el año 1945, en la Conferencia de Yalta,
a petición del Comité de la Paz, fueron construidos varios relojes de
precisión, por el discutidísimo Isadoro Dé Alá-cant, con el fin primordial, de
que estos relojes entrasen en funciones, en el instante preciso en que la
Paz fuera una realidad en el mundo. (Los pobres centinelas que la O.N.U.
mandó apostar, para la mejor salvaguardia de tan magna Obra, han
perdido ya la noción del tiempo, puesto que los relojes famosos
permanecen más “parados” que la estatua de la Libertad a la entrada del
puerto de Nueva York; por lo que Isadoro, continuaba siendo ¡discutidísimo!.
...En fin, quedamos, en que Isadoro tenía un reloj, que no era ni de plata ni de oro, pero que tenía
“duende”. En la fabricación de este reloj, Isadoro, a diferencia del tiempo invertido en la construcción de
sus otros relojes, habla empleado solamente 24 horas. ¡Esto era asombroso!... Fue “pénsat y féct”:
Quiso hacer un reloj de precisión altamente fidelísimo, que a diferencia de todos los relojes del mundo,
marcan solamente, las justas e injustas horas de la Vida del Ser Humano; y en verdad que lo consiguió:
Aquel relojito de pulsera llamado Arco-Iris, era una prodigiosa maravilla. Se ponía en hora a las 9 en
punto de la mañana y a las 12 del día, se paraba con precisión matemática. (Había concluido la media
jornada de trabajo, y trabajar un minuto más, para Arco-Iris, era labor de herejes). A las 4 en punto
hora solar, reanudaba la marcha hasta señalar las 7 de la tarde, hora punta, en que se paraba
definitivamente para todo el resto del día. (Arco-Iris, decía, que después de la jornada laboral, señalar
más horas, era un acto, que atentaba contra los más bellos sentimientos humanos, con premeditaclón y
alevosía). No obstante, al cesar de señalar horas, Arco-Iris, ponía en funciones su sistema sipcodélico, y
su esfera asumía y marcaba los siete colores del Arco Iris (de ahí su nombre), según la persona obrase
en consecuencia, como si de los siete pecados capitales, se tratara.
Si la persona obraba en el Bien, el Blanco el Azul, el Rosa o el Amarillo,
ocupaban lugares preferentes en la esfera si por el contrario, la persona
obraba en el Mal, estos colores se entremezclaban en la esfera, con el
Verde, el Rojo o el Negro, adquiriendo la esfera preponderancia en estas
tres últimas tonalidades según la causa del Mal fuera en mayor o en menor
proporción; por ejemplo: al obrar un poco a la ligera, la esfera, se
presentaba, mitad Rosa mitad Verde al obrar un mucho a la ligera. iVerde!
En los casos graves, el Rojo para las hazañas canallescas, y el Negro, para
las hazañas de ambición y egoísmo.
... Isadoro, pensaba que al fin había logrado su “Obra Maestra”... pero,
¡si!, ¡sí!; ¡Arco Iris!, había ido más allá, de los nobles ideales de Isadoro, y
no contento con enseñarle a uno los siete colores “capitales” de la Vida, le
cantaba las “cuarenta en bastos”; y por un quitame esas pajas, vociferaba
de lo lindo. ¡Beodo!. o ¡Beoda!, ¡Gandul! o ¡Gandulera!, ¡Mariposa! o
¡Marimacho!, ¡Canalla! o ¡Canallera!.
- Casi ¡res!, murmuraba desolado el bueno de Isadoro Si presente el Arco-Iris;
Més vé. “el Delator”, en la Convensió de Chinebra, ¡segur que mé Fusilém!.
Eran las 12 de la noche del 24 de Junio, y en Alicante, tenía lugar la
fantástica “Crema” de “Les Fogueres de San Chuan”; Isadoro, al que no le
llegaba la camisa al cuello desde hacia unos años, repentinamente, se
despojó del reloj arrojándolo con fuerza a las llamas de una crepitante
hoguera; alejándose de allí, cual alma que lleva el Diablo. Aquella noche,
apenas si pudo conciliar el sueño; y cuando a la mañana siguiente
despertó, lo primero que hizo fue mirar hacia el lugar de costumbre, en la
mesita de noche; y cuál no sería su ¡asombro!, al descubrir como siempre a su ¡Arco-Iris!.
¡Sí! Yo soy; no sé a santo de qué, viene esa cara de pasmadote. ¿acaso no
soy un reloj diferente?... ¡Sí, Isadoro!, gracias al fuego purificador de la “nit
de Sanchuán”, has conseguido lo que te proponías hacer de mí, ¡un Arco
Iris perfecto!... ¡¡Nunca más volverás a escuchar ya mi voz!!.
Y en efecto, el reloj, a partir de aquel instante, enmudeció para siempre, y
solamente en su esfera se podían adivinar los irisados colores de un ¡¡Arco-lris
de PAZ y... Fogueres de San Chuan!!.