Don Quijote de la Mancha
se ha subido al monumento
que ha de quemarse en la noche
de San Juan, fiesta del fuego,
para de allí contemplar
el panorama, algo negro,
o al menos bastante oscuro,
que sus ojos ven, no lejos.
No está con él, Rocinante,
que fue como un compañero;
que en Argamasilla de Alba
debe estar en un museo,
pues merecido lo tiene;
ya que muchos lo tuvieron
en otras partes del mundo,
sin poseer tantos méritos.
A cambio de aquel rocín,
aquí tiene tres jumentos.
Uno, lápiz en la boca;
otro, un cartabón mordiendo,
y el otro, con los deberes
que debió hacer, y no ha hecho.
Bajo de ellos, unos libros,
de los cuales, no sabemos
si fueron los que leyera
el andante caballero,
o se trata solamente
de los llamados de texto.
Libros, que al no ser tocados,
los irá el polvo cubriendo.
Ve Don Quijote a un muchacho,
que no sabe qué está haciendo
montado sobre una esfera
con una caña y el cebo,
cual pescador pacienzudo
que esperando, pasa el tiempo
de ver cualquier pececillo
enganchado en el anzuelo.
El, pescar quiere una beca;
que en su casa no hay dinero,
para que siga estudiando,
y esto fuera el solo medio.
-No sabe lo que se pesca-
dice el hidalgo manchego.
Pues dio en elegir mal sitio
el simpático mozuelo;
que en este mar, es costoso
ver logrado tal empeño.
La escalera del saber,
poco a poco van subiendo
una calmosa tortuga,
y un caracol. Van tan lentos,
que tardarán en llegar,
pero hay que hacer un esfuerzo.
Con estudios gratuitos
se consigue, si hay talento,
y suerte. Que muchas veces,
no se logra tal intento.
- Así yo estudio la forma
de aquesto escribir en serio,
y que dado a mi carácter,
bien no sé si hasta el fin llego.
Don Quijote, desde lo alto,
ve a unos jóvenes dispuestos
a marchar hacia Alemania,
pues estudiar se han propuesto
y ellos ven así más fácil
el logro de sus deseos.
Encima de un microscopio
vé un mono. ¿Qué estará haciendo?
pregúntase nuestro hidalgo.
Estudia los elementos
y microbios, que contienen
orinales y pucheros,
porrones de vino, tazas,
y otras cosas de provecho.
El resultado será,
en mano del mono, menos.
La Filosofía y Letras,
al estudiante modesto
de cabeza le hace andar,
pues escasea el dinero;
y filosofando un poco
mirando su presupuesto,
deja la Filosofía,
siquiera por un momento,
y con las letras la emprende.
No le queda otro remedio.
Obtendrá el estudio a plazos.