ˇQué sufrimiento más grande!
ˇOué pena, madre, qué pena!
Pues no tengo más remedio
que explicar esta foguera,
y el asunto, a mí me pone
de punta la cabellera,
y el sudor se queda dentro.
porque mis poros se cierran.
La luz del entendimiento
ya no brilla en mi sesera
porque no tiene el voltaje
que darme su red debiera.
Y es que mirando el boceto
por la parte delantera,
y allá en lo más alto, he visto
cuatro caballos, cual fieras,
que montan cuatro jinetes
con sus figuras horrendas.
ˇEsto es el Apocalipsis!
ˇEsto es peor que una guerra!
Por el viento huracanado
que producen sus carreras,
apagáronse las luces
de las gigantescas velas
de un hermoso candelabro
que iluminaba la escena.
Aparto de allí la vista,
y mi mente se serena;
y al volver la luz de nuevo,
veo que revolotea
una blanca palomita,
que huyendo de aquellas bestias,
temerosa va a posarse
sobre lo que haya más cerca.
Allí cree estar segura,
pero no sabe que yerra.
Va que es un barril de pólvora
su refugio. iSuerte negra!
La paloma de la paz,
por malos sitios “pazea”,
que diría un andaluz
al hacer la ese, zeta.
Y muy cerca está Mercurio,
que no puede con su rueda,
pues está debilitado,
y casi se tambalea.
Su comercio, se resiente,
y con rebajas y ofertas.
toma unos pocos alientos.
y así puede abrir sus puertas.
Ya me encuentro más tranquilo.
Voy a contar lo que queda.
Como hay guerra de explosivos.
algunas veces se encuentra
a uno que no vio el butano;
y al contemplar la botella,
se cree que es una bomba,
y emprende rauda carrera.
La ambición, algunas veces,
suele tener sus rarezas.
Y aquí vemos a una blanca
tumbada sobre la arena,
que ambiciona, por la moda,
tostarse y hacerse negra
a una negra, que pomadas,
para su cutis emplea,
ambicionando ser blanca.
Ambiciones de belleza.
Sobre la gula, se ha puesto
también una egipcia escena,
en la que está Cleopatra,
que era muy “gulosa” ella
comiendo ricos manjares
en una mesa bien puesta,
con quien no sabemos si es
Marco Antonio o Julio César.
En un comedor barato
hay un letrero en la puerta
que dice: Menú turístico.
Y vemos sobre una mesa
una raspa de pescado;
un trozo de la corteza
del pan que comió el cliente,
y vacía, una botella
que si contenía vino,
poco el turista bebiera.