llibret 1972
Apocalipsis.

ALICANTE Y SU PAISAJE.
Rafael Azuar.

 
Alicante es esta paz, esta serenidad que nos ofrecen las cosas, de interior desvelado para siempre. Esta paz, cuyo símbolo puede ser esta agua quieta, apenas rumorosa, del mar de la tarde. La serenidad, expresada en esta rosa abierta, en este enredadera, llena de diminutas flores, amorosamente ceñida al tronco de una palma ...
 
Todo horizontal y leve, deslumbrado además por el oro de una luz intensa que nos viene de arriba, de un esplendor infinito, azul, mudo, que sólo altera el vellón olvidado de una nube o el ala ligera de un palomo...
 
Alicante, ciudad para ser susurrada sólo, para ser cantada por la espuma ... Desnudez para el amor y para el verso, para la vela que ronda entre las olas y recibe de las entrañas del aire un transparente y furtivo beso ...
 
Piedras en el sol dormidas, romero que perfume la montaña, almendro que abre en la vieja colina su flor absorta, leve y rosialba; abeja que tiembla en el puro corazón del día ...
 
Gozar del silencio, de la paz y hermosura de las cosas, de esa eternidad que es como un instante que se prolonga indefinidamente en sí mismo, es gozar del paisaje alicantino.
 
Calas y playas de La Marina, estremecidas en el amanecer por la alegría de las ondas, por un invisible ángel de rumor ...
 
Guadalest, perfil único en el mundo, ciprés de roca, aire umbroso y fresco, donde un soplo de infinita pureza se mezcla con el sueño de las cosas idas ...
 
Soledades y huertos de La Nucía y Polop: verdes claros, amarillentos, de frutales y almendros; verdes grises de olivos; verde oscuro de los pinos en la cumbre. Valles serenos, tranquilos, palpitantes de hojas, donde se escucha, en el atardecer, el concierto continuo de los chorros del agua ...
 
Salinas de Santa Pola, de Torrevieja ... ¿Habéis visto, quizá, en el crepúsculo, posarse una garceta en la lámina rosa del agua, sin despertar una onda, sin ninguna clase de rumor ni de aleteo?.