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Desde la espuma te contemplo, oh ciudad, no recogida, sí abierta en desnudez de oro, si graciosa en múltiples cielos alzada!. trascendido, entregada ciudad sin noche, esperanza humana, toda tú palmera y vuelo. te extendieron sobre la arena dormida y hoy despierta jubilosa, en alta belleza. soñadora de siglos plateados, rizada estás de ese blanco purísimo con sabor de arma. |
Si decimos “cuerpo” se estremece a paloma. ¿Diremos “muerte” en tan claro paraíso o excesivo jardín de sol ceñido?. Olvidemos esos lentos y duros ocasos, pues toda eres grácil colmena de vida, musical existencia, oro fúlgido de un pecho amantísimo que se nos entrega desde el limite inverosímil de la espuma. |